
El concepto de “war on poverty”, traducido al español como “guerra contra la pobreza”, encapsula uno de los esfuerzos más ambiciosos del gobierno estadounidense para erradicar la pobreza en el país. Esta iniciativa se lanzó formalmente en la década de 1960 bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson, marcando el inicio de una serie de políticas y programas sociales destinados a mejorar las condiciones de vida de millones de ciudadanos que luchaban por superarse ante la adversidad económica. A lo largo de los años, este enfoque ha suscitado debates y análisis en torno a su efectividad, sus impactos a largo plazo y su relación con las dinámicas de clase en los Estados Unidos.
El presente artículo se sumerge en un análisis profundo del “war on poverty”, explorando su contexto histórico, su evolución y las implicaciones que ha tenido sobre diversas clases sociales. Además, discutiremos cómo este esfuerzo ha dado forma a la comprensión y percepción de la pobreza en la sociedad estadounidense y cómo las medidas implementadas han afectado a la clase trabajadora y a las comunidades desfavorecidas. A través de este recorrido, podremos entender no solo cómo se ha abordado la pobreza en términos de políticas públicas, sino también cómo esas políticas han interactuado con el tejido social del país.
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Contexto histórico del “war on poverty”
Para entender la esencia de la “guerra contra la pobreza”, es esencial situarla en el contexto histórico de la década de 1960. Este período fue testigo de grandes cambios sociales y económicos en los Estados Unidos. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el país experimentó un notable crecimiento económico, pero no todos los grupos sociales se beneficiaron de esta bonanza. La pobreza persistía en las áreas urbanas e rurales, afectando desproporcionadamente a las minorías y a aquellos que vivían en zonas rurales. La insatisfacción social también se vio exacerbada por el movimiento por los derechos civiles, donde la lucha contra la injusticia social y la promoción de la igualdad se convirtieron en cuestiones centrales.
En respuesta a estas realidades, en 1964, el presidente Johnson declaró oficialmente la “guerra contra la pobreza” como parte de su gran sociedad, un conjunto de reformas centradas en eliminar la pobreza y la desigualdad. La creación de programas como Medicare, Medicaid y el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) reflejó un enfoque multifacético hacia la pobreza, con objetivo de proporcionar asistencia médica, alimentación y empleo. A lo largo de esta guerra, el enfoque fue esencialmente económico y asistencial, pero también buscó empoderar a las comunidades y ofrecer oportunidades a aquellos que se encontraban en situaciones desfavorecidas.
Impacto de la guerra contra la pobreza en la clase social
El impacto de la “guerra contra la pobreza” en las clases sociales es un aspecto crucial para comprender su legado y desafíos actuales. Este enfoque no sólo se diseñó para ayudar a los pobres, sino que también afectó y modeló las estructuras de clase en el país. Las políticas implementadas durante esta época tuvieron resultados mixtos, generando avances en ciertas áreas, pero también persistentes críticas y controversias. Uno de los resultados más evidentes fue la mejora en los estándares de vida de millones de estadounidenses que antes no tenían acceso a servicios básicos como atención médica y educación.
Sin embargo, a pesar de estos avances, las críticas se centraron en la forma en que estas políticas, en ocasiones, podían crear un ciclo de dependencia en lugar de apuntar a la verdadera autosuficiencia. Muchos defensores de la “guerra contra la pobreza” argumentaron que, si bien las ayudas eran esenciales para aliviar el sufrimiento inmediato, estas iniciativas no abordaban las causas fundamentales de la pobreza, como la falta de empleo o la escasez de oportunidades educativas de calidad. Este enfoque asistencialista llevó a la creación de una clase que, en algunos casos, se volvió resistente al cambio y menos motivada a buscar alternativas para mejorar su condición económica. Muchas comunidades se vieron atrapadas en un ciclo de pobreza intergeneracional.
La evolución de la percepción sobre la pobreza
A lo largo de las décadas siguientes, la percepción acerca de la pobreza y la efectividad del “war on poverty” ha ido evolucionando. La narrativa en torno a la pobreza ha cambiado notablemente, pasando de un enfoque en el apoyo y asistencia a los afectados, a un énfasis en la responsabilidad personal y el trabajo duro como soluciones a la situación. Esta transformación ha llevado a un estigma creciente asociado con la pobreza, donde muchos de aquellos que viven en situaciones adversas son considerados responsables de su propia condición.
Este cambio en la narrativa ha tenido profundas implicaciones en la forma en que las políticas públicas fueron formuladas y ejecutadas a partir de la década de los setenta en adelante. La idea de “merecer” el apoyo social se ha vuelto central, llevando a un incremento en la burocracia y restricciones en cuanto a quién puede acceder a las ayudas. Esta dinámica ha reforzado las divisiones de clase y ha perpetuado la idea de que la pobreza es un problema individual en lugar de ser visto como un fenómeno estructural que requiere soluciones colectivas.
Críticas y desafíos contemporáneos

Las críticas hacia la “guerra contra la pobreza” han continuado durante las últimas décadas. Investigadores y activistas han señalado que, a pesar de los esfuerzos realizados, la pobreza sigue siendo un problema persistente en los Estados Unidos. Factores como el estancamiento de los salarios, la falta de acceso a una educación de calidad, la creciente desigualdad y el aumento de costos de vida han contribuido a que muchas personas sigan en situación de precariedad. La transformación de la estructura laboral, con el aumento de trabajos temporales y de bajos salarios, también ha agravado la situación, haciendo que la precariedad se convierta en una realidad cotidiana para innumerables profesionales.
En el contexto actual, donde las voces de protesta y las demandas de justicia social resuenan fuertemente, es crucial reconsiderar las estrategias implementadas durante la “guerra contra la pobreza”. Los movimientos por la igualdad racial, el acceso a la atención médica y la justicia económica han puesto de relieve la necesidad de buscar nuevas formas de abordar la pobreza y la inequidad, que trasciendan las iniciativas asistencialistas y busquen soluciones estructurales a los problemas endémicos que enfrentan las comunidades marginadas.
Reflexiones finales sobre el “war on poverty”
El “war on poverty” representa un hito significativo en la historia socioeconómica de los Estados Unidos. Este esfuerzo ambicioso no solo buscó aliviar las condiciones de vida de millones de ciudadanos, sino que también influyó en la manera en que la sociedad percibe y aborda la pobreza. A lo largo de los años, ha habido importantes avances, pero también desafíos persistentes que requieren una profunda reflexión. La relación entre esta guerra y la clase social pone de manifiesto que las soluciones a la pobreza deben ser integrales, considerando no solo la asistencia económica, sino también el acceso a educación y empleo de calidad, y la desarticulación de las estructuras que perpetúan la desigualdad.
Este viaje a través de la historia y el impacto de la “guerra contra la pobreza” nos brinda la oportunidad de aprender de los aciertos y errores del pasado para forjar un futuro más justo y equitativo. La lucha contra la pobreza sigue siendo uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo, y es fundamental que abordemos esta problemática desde una perspectiva colectiva y estructural, donde cada voz cuente y cada esfuerzo contribuya a crear un mundo donde la dignidad y el bienestar sean derechos de todos.